martes, 26 de febrero de 2008

El silbido del diablo



Hay veces en que uno está en el mismo lugar y piensa que de repente, así como por arte de magia, alguien puede aparecerse por el pasillo que da a la calle o por la ventana que da a la otra con ganas de asustarme.

Pero no.

Y entonces, las horas se suceden monótonas y un poco más lentas de lo normal, y todo porque así sucede cuando se espera.

Y son las tres cuarenta de esta tarde, un blue demon y la camiseta de un pantalón nadan en agua jabonosa en un segundo intento por quitar manchas que no se dejan.

Y él en un pueblo fantasma, sin luz, ni cable ni radio.

Yo sé de cenas a la luz de las velas y pláticas a la luz de la luna...

Pero... ¿qué son de las comidas a la luz de las velas?

¿Qué es del frío cuando alguien no está cerca? Así como tú...

Sigo escribiendo y sigo hablando porque es mi manera de decirte que aquí estás... entre un reloj en el que veo la hora, en una foto polaroid del día que te fuiste, en dos velitas encendidas, en repisas donde reposan cámaras antiguas y en este corazón que te tiene como un amarre de una curandera de quinta.

Así como de la nada apareces entre rebanadas de rosca de manzana que nadie probó por esperarte; en inciensos que no prenden, en puros de cereza apagados.


Y nadie viene...