jueves, 12 de febrero de 2009

Homenaje cortaziano

Porque este día está lleno de Cortázares que trepan por las cortinas, reptan por las marquesinas y miran de frente al espejo –y sólo ven conejitos brincando del ropero a la cama y correr, de inmediato, a esconderse debajo de la cama–...


La foto salió movida

Un cronopio va a abrir la puerta principal, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de cerillos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los cerillos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los cerillos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de cenizas, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y directorio telefónico lleno de música, y el ropero lleno de direcciones, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo está algo ladeado, lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta las manos no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Murakami.