jueves, 5 de febrero de 2009

Autoestima Tupperware a prueba de derrames

Diego, el chico argentino del trabajo, es muy simpático y dicharachero. Pero su simpatía y sus dichos no lo libraron de tremendo derrame en el ojo que lucía más o menos así:


Y ahí andaba el pobre todo asustado, con un ojo bueno y el otro a punto de reventar, pensando que lo había atacado un virus mexicano que lo devoraría por dentro, empezando por el ojo, porque a los virus mexicanos les gusta el taco de ojo.

Y luego la gente tan discreta, cada que lo veía hacía cara de horror y repulsión con frases como:

¡Ay, tu ojo!
¡Ahhrrgh, qué te pasó!
¡No me mires de frente, que siento horrible!
¿Te duele?

Y no les importaba terminar con su autoestima porque piensan que los argentinos tienen autoestimas a prueba de balas y derrames oculares.

Pero en fin, que con todo y derrame hoy empezó con que quería una pava. Y sí, esa misma cara hicimos nosotros, porque lo primero que nos vino a la mente fue esto:





Una pava.

Pero no, él quería una cosa para calentar el agua para su café. Eso que buscas se llama olla -Dijeron todos-

Y él repuso:

No, la olla es para calentar el agua de los fideos, la pava es donde se calienta el agua para el café.

Pero en México se hace el café en olla y por eso hay café de olla y no café de pava. ¿Entonces en qué calientan el agua para sus fideos? -Exclamó-

Pues en una olla

¿Y el estofado?

En una olla.

¿Y hervir el agua?

En una olla. Y el mole y el engrudo para la piñata y la barbacoa. Ah no, esa en un hoyo, lo que nos trae de vuelta al dilema pava-pavo, olla-hoyo.

Por qué todo en una olla. No sé bien si porque todo lo hacemos en el mismo traste, o porque todos los trastes se llaman olla.