miércoles, 13 de febrero de 2008
Besos
Besos que se dan con la mirada, los que se dan con la memoria, los silenciosos, los nobles, los enigmáticos, sinceros.
Besos que se dan sólo las almas, besos prohibidos, verdaderos.
Besos que calcinan, los que hieren, arrebatan sentidos; besos misteriosos, problemáticos que encierran una clave que nadie ha descifrado.
Besos que engendran la tragedia, besos tibios, sublimes, ingenuos, puros, traicioneros y cobardes
Besos maldecidos y perjuros, que producen desvaríos; pasionales, ardientes, locos.
Besos de tempestad, salvajes besos que sólo nuestros labios han probado.
Besos fríos de impasible corazón de roca.
Que mueran la mercadotecnia y su San Valentín.
martes, 12 de febrero de 2008
Lapsus babosus interruptus
A mí se me hace que “nada” va a perderse algún día en la angustia de buscarse y no encontrarse.
lunes, 11 de febrero de 2008
domingo, 10 de febrero de 2008
Rayuela... tú y yo
Capítulo 7
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca: voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
miércoles, 6 de febrero de 2008
Tauro
Hoy se detuvo la tierra por segundos y te busqué entre palabras, de esas que siempre tienes para mí, en tres patadas recordé las cosas que van desde un sueño a una pradera, café, tinta china, letras cursivas dentro de diarios que no pertenecen a geishas de seda.
Entonces me di cuenta de que te conozco más de lo que veo, de cómo sudan mis ojos al tenerte enfrente, de cada desnudo que te dedico al susurrar palabras que van directito a tu oído en un compás que tú puedes entenderme.
Y para entonces ya no estamos en el sushi ni leyendo poesía, estamos en la nada entre tu voz y la mía, con nicotina adulterada y puros de cereza.
Espero no te enojes por sacar a pasear a la orquídea, entre letras que no dicen nada, para llevarte al señor sol a secarte todas las gotitas que pudieran estrecharte, hacerte tamalito en la colcha y darte un abracito y decirte ya no tengas más frío, los Miércoles de Ceniza también son domingos cuando se está acompañado.
Y bajarte el arco iris para que tengas todos los colores en tu cuarto y les prendas cerillos de cajas que dicen tu horóscopo.
Tú dijiste un día: “El toro tiene cuernos para defenderse y mostrarse fuerte ante los demás... para cornar a la hembra...”. Entonces te veo como toro todo negro lleno de sexo, porque el cuerno ante todo es el falo glorificado...
Y en las palabras te encontré.
Una vez más te dedico este espacio vacío.
martes, 5 de febrero de 2008
Olvidos
Me olvidé otra vez en aquella esquina, como atrapada en la nube del recuerdo que nunca olvida. Me quedé ahí, quizá porque pensé que era bonito vivir retraída.
Por eso, hoy fui a encontrarme, no me había dado cuenta del frío que tenía, no de ese frío, sino del que tú decías siempre:
"No de ese frío, de éste, me lees?".
Y sonreí pensándote en tú aquí y yo allá... y así.
Porque también yo estuve allá y tú aquí, pero ya no sé dónde estás.
Entre las personas, con ése, lo mal dicho, lo bien vivido, por ahí andas y yo te aplaudo a escondidas. Un, dos, tres, un, dos, tres.
Y me encuentro con que estoy 3 veces 3 más lejos, de un puerto, de una carta, de besos llenos de elevadores, de firmas que se pegan con tinta china en la lengua, de seis colores y diez abrazos.
Que ya estoy llena de quién sabe qué cosa, que me pegaron, que dolió, me levantaron y hasta ahorita, tremendas son las cosas...
No estoy en la esquina, ni olvidando ni esperando, estoy quién sabe cómo, llorando por dentro, así como para que nadie escuche... y con frío, de ese frío que te dio por febrero...
Del que decías: "No de ese frío, de éste, me escuchas?".
Por eso yo decía... cuelga, no te estoy entendiendo...
Por eso, hoy fui a encontrarme, no me había dado cuenta del frío que tenía, no de ese frío, sino del que tú decías siempre:
"No de ese frío, de éste, me lees?".
Y sonreí pensándote en tú aquí y yo allá... y así.
Porque también yo estuve allá y tú aquí, pero ya no sé dónde estás.
Entre las personas, con ése, lo mal dicho, lo bien vivido, por ahí andas y yo te aplaudo a escondidas. Un, dos, tres, un, dos, tres.
Y me encuentro con que estoy 3 veces 3 más lejos, de un puerto, de una carta, de besos llenos de elevadores, de firmas que se pegan con tinta china en la lengua, de seis colores y diez abrazos.
Que ya estoy llena de quién sabe qué cosa, que me pegaron, que dolió, me levantaron y hasta ahorita, tremendas son las cosas...
No estoy en la esquina, ni olvidando ni esperando, estoy quién sabe cómo, llorando por dentro, así como para que nadie escuche... y con frío, de ese frío que te dio por febrero...
Del que decías: "No de ese frío, de éste, me escuchas?".
Por eso yo decía... cuelga, no te estoy entendiendo...
viernes, 1 de febrero de 2008
Sumi-E
Sesshü era un niño
tan insurrecto, amotinado y alborotador,
que para castigarle,
un día le ataron a un árbol.
Lloró.
Con sus lágrimas
dibujó un ratón y,
dicen, que aquel animal
cobró vida
y se puso a roer
las ataduras.
Sesshü creció.
Alcanzó poesía de pintor
gracias a sus traumas,
pero hubiera preferido
que nunca le ataran al árbol.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)