Los muertos no escriben...
tal vez un día resucite y venga a decir algo... no lo sé.
Adiós.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Lo que pasa cuando no sé dónde dejo mi Tafil y mi Ativan...
Llegar a casa y sentir un nudo en la garganta.
Tienes ganas de llorar, quizá te sientes sola, quizá es sólo una maldita y repentina melancolía sin razón.
Pero ahí está el sentimiento y ahí estás tú en tu cuarto sola. De cierta forma de autocompadeces sólo para reprenderte al siguiente segundo porque nunca te lo has permitido.
¿Eres fuerte? ¿Qué tan fuerte? ¿Cuánto tiempo vas a poder detener el llanto?
Te cuestionas muchas cosas como, por ejemplo, si alguna vez te has dejado caer, realmente caer. Y tienes miedo, tal vez esta sea de las pocas veces que aceptes que tienes miedo.
Ese mismo miedo te impide hablar de las cosas que lo causan. No quieres llorar sola pero estás sola. Quisieras tomar el teléfono y marcar el número, pero sabes que no tienes derecho a importunar a alguien que se está divirtiendo.
Entonces fluye, nunca has sido buena para postergar las lágrimas y te sientes tan tonta llorando ahí que quisieras dormirte y despertar habiendo olvidado todo.
Cada error, cada reproche, cada sueño incumplido... todo se te viene ahora encima como una terrible maldición ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta madrugada?
No tienes derecho a compadecerte, has sido tú la que ha dado cada paso, la que ha tomado cada decisión.
Maldita fiebre...
Tienes ganas de llorar, quizá te sientes sola, quizá es sólo una maldita y repentina melancolía sin razón.
Pero ahí está el sentimiento y ahí estás tú en tu cuarto sola. De cierta forma de autocompadeces sólo para reprenderte al siguiente segundo porque nunca te lo has permitido.
¿Eres fuerte? ¿Qué tan fuerte? ¿Cuánto tiempo vas a poder detener el llanto?
Te cuestionas muchas cosas como, por ejemplo, si alguna vez te has dejado caer, realmente caer. Y tienes miedo, tal vez esta sea de las pocas veces que aceptes que tienes miedo.
Ese mismo miedo te impide hablar de las cosas que lo causan. No quieres llorar sola pero estás sola. Quisieras tomar el teléfono y marcar el número, pero sabes que no tienes derecho a importunar a alguien que se está divirtiendo.
Entonces fluye, nunca has sido buena para postergar las lágrimas y te sientes tan tonta llorando ahí que quisieras dormirte y despertar habiendo olvidado todo.
Cada error, cada reproche, cada sueño incumplido... todo se te viene ahora encima como una terrible maldición ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta madrugada?
No tienes derecho a compadecerte, has sido tú la que ha dado cada paso, la que ha tomado cada decisión.
Maldita fiebre...
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Estimado Morfeo:
No me mandes a dormir cuando planeo pasar la madrugada entera observando la luna. Poco me importa si en tu agenda dice que es mi hora de cerrar los ojos o si crees que debería pasar más tiempo soñando que buscando estrellas.
¿Para qué me quieres dormida sin sueño? Sería como si de pronto llegase La Muerte a pedirme que escatime la vida porque ella llegará por mí algún día.
Sabes muy bien que te quiero y que esto que tú y yo tenemos es algo sólido y duradero, por eso no olvides que me conociste rebelde y necia. No pretendas que de pronto sea una sumisa que vaya a la cama cuando tú lo ordenas.
Tampoco es mi intención hacerte enojar, sé de sobra lo que sucede cuando te marchas iracundo y me abandonas. Sólo quiero que recuerdes las madrugadas que hemos compartido, ésas en las que no faltan las risas, ésas en las que la creatividad fluye en torrentes inmensos.
Recuerda que más que una discípula, he sido una compañera y que mis ocurrencias te han salvado de morir de aburrimiento mientras el resto del mundo, obedientemente, duerme.
¿Para qué me quieres dormida sin sueño? Sería como si de pronto llegase La Muerte a pedirme que escatime la vida porque ella llegará por mí algún día.
Sabes muy bien que te quiero y que esto que tú y yo tenemos es algo sólido y duradero, por eso no olvides que me conociste rebelde y necia. No pretendas que de pronto sea una sumisa que vaya a la cama cuando tú lo ordenas.
Tampoco es mi intención hacerte enojar, sé de sobra lo que sucede cuando te marchas iracundo y me abandonas. Sólo quiero que recuerdes las madrugadas que hemos compartido, ésas en las que no faltan las risas, ésas en las que la creatividad fluye en torrentes inmensos.
Recuerda que más que una discípula, he sido una compañera y que mis ocurrencias te han salvado de morir de aburrimiento mientras el resto del mundo, obedientemente, duerme.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Café con dos de saudade
Cansada y con poca gana he caminado por las calles. Un músico ciego tocaba eso de A kiss is just a kiss.
El sol quiso salir un poco. Y sobre todo las calles se sienten tristes. Me hace una enorme falta tu presencia cariñosa, cuidadosa, paciente. Por eso entré a un café, para estar contigo, como siempre has estado, como nunca has estado, como estás y estarás.
No me gusta escribir al aire, porque ese aire es distancia, y las palabras son unas desgraciadas que en cualquier descuido se apoderan de la situación. Prepotentes de mierda, que nos envuelven. Cuánto más quisiera que me envuelva tu linda y dulce presencia. Dentro de la sencillez y la torpeza de una taza de café.
Te quiero, te extraño, te abrazo.
El sol quiso salir un poco. Y sobre todo las calles se sienten tristes. Me hace una enorme falta tu presencia cariñosa, cuidadosa, paciente. Por eso entré a un café, para estar contigo, como siempre has estado, como nunca has estado, como estás y estarás.
No me gusta escribir al aire, porque ese aire es distancia, y las palabras son unas desgraciadas que en cualquier descuido se apoderan de la situación. Prepotentes de mierda, que nos envuelven. Cuánto más quisiera que me envuelva tu linda y dulce presencia. Dentro de la sencillez y la torpeza de una taza de café.
Te quiero, te extraño, te abrazo.
domingo, 6 de septiembre de 2009
La vida es sabia
A pesar de ser rebelde y terca por naturaleza, siempre he confiado en que la vida es más sabia que yo y, por tanto, tengo mucho que aprenderle.
A veces te llueve sobre mojado, otras la sequía desespera, a veces la tempestad y la calma verdaderamente parecen la misma cosa. Pero todas esas veces la vida te pone enfrente lo que necesitas, te guste o no.
Caminé por el pasillo del Salón Morelos hasta llegar a la mesa en la que me esperaban Luis y Liliana, estaba sorteando mesas cuando me fijé que la mesa de al lado, que antes estaba vacía, ahora era ocupada por dos hombres cuya presencia resaltaba en el salón como dos estrellitas coloridas. Yo diría que parecían chamanes, otros dirían que se veían pintorescos.
Entre el ruido que ya para ese entonces me parecía infernal de una banda de covers más mala que la leche agria, el más joven de aquellos hombres intercambiaba palabras sueltas con nosotros: era imposible llevar una conversación si al ruido se le sumaba la distancia entre las mesas.
Después de un momento Luis acompañó a Liliana al baño, así que yo me encontré en la mesa sola. No había mucho hacia donde voltear: atrás de mí estaba la mesa de los acosadores guiña ojos, enfrente la pared, a un lado una columna y del otro la mesa con los chamanes, la mesa multitudinaria y al fondo la banda del infierno. Me decidí por ese lado de opciones múltiples.
El chamán más joven dejó su cerveza en la mesa y se acercó a mí -Enséñame tu mano izquierda- Yo obedecí de buena gana. Parado a mi lado me leyó la mano brevemente, en ningún momento buscó en mis ojos aprobación, sólo afirmaba. Evidentemente no pienso revelar lo que me dijo, sólo diré que lo que me dijo ya lo sabía y es cierto.
Cuando Liliana y Luis regresaron a la mesa, Benjamín (más tarde supe que ese es su nombre) dio por terminada la lectura y regresó a lo suyo.
Para mí es algo común que ciertas personas quieran leerme la mano o las cartas. Me lo han ofrecido muchísimas veces. Una vez me abordó una gitana en el Barrio Antiguo, para cuando me di cuenta ya estaba rodeada de gitanas y no me quedó de otra más que estirar la mano, otra vez me la leyó Raúl (en la facu) porque tenía algo que decirme, y ahora permití que el colorido Benjamín la leyera. Las demás veces siempre me he negado, como una respuesta instintiva, por más que me insistan, aunque intenten tentarme al asegurarme que tienen mucho qué decirme.
Supongo que sólo acepto cuando me toca escuchar el mensaje que la vida tiene para mí.
A veces te llueve sobre mojado, otras la sequía desespera, a veces la tempestad y la calma verdaderamente parecen la misma cosa. Pero todas esas veces la vida te pone enfrente lo que necesitas, te guste o no.
Caminé por el pasillo del Salón Morelos hasta llegar a la mesa en la que me esperaban Luis y Liliana, estaba sorteando mesas cuando me fijé que la mesa de al lado, que antes estaba vacía, ahora era ocupada por dos hombres cuya presencia resaltaba en el salón como dos estrellitas coloridas. Yo diría que parecían chamanes, otros dirían que se veían pintorescos.
Entre el ruido que ya para ese entonces me parecía infernal de una banda de covers más mala que la leche agria, el más joven de aquellos hombres intercambiaba palabras sueltas con nosotros: era imposible llevar una conversación si al ruido se le sumaba la distancia entre las mesas.
Después de un momento Luis acompañó a Liliana al baño, así que yo me encontré en la mesa sola. No había mucho hacia donde voltear: atrás de mí estaba la mesa de los acosadores guiña ojos, enfrente la pared, a un lado una columna y del otro la mesa con los chamanes, la mesa multitudinaria y al fondo la banda del infierno. Me decidí por ese lado de opciones múltiples.
El chamán más joven dejó su cerveza en la mesa y se acercó a mí -Enséñame tu mano izquierda- Yo obedecí de buena gana. Parado a mi lado me leyó la mano brevemente, en ningún momento buscó en mis ojos aprobación, sólo afirmaba. Evidentemente no pienso revelar lo que me dijo, sólo diré que lo que me dijo ya lo sabía y es cierto.
Cuando Liliana y Luis regresaron a la mesa, Benjamín (más tarde supe que ese es su nombre) dio por terminada la lectura y regresó a lo suyo.
Para mí es algo común que ciertas personas quieran leerme la mano o las cartas. Me lo han ofrecido muchísimas veces. Una vez me abordó una gitana en el Barrio Antiguo, para cuando me di cuenta ya estaba rodeada de gitanas y no me quedó de otra más que estirar la mano, otra vez me la leyó Raúl (en la facu) porque tenía algo que decirme, y ahora permití que el colorido Benjamín la leyera. Las demás veces siempre me he negado, como una respuesta instintiva, por más que me insistan, aunque intenten tentarme al asegurarme que tienen mucho qué decirme.
Supongo que sólo acepto cuando me toca escuchar el mensaje que la vida tiene para mí.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Bocas
Una sobre otra, las bocas se confunden: abrazan los bordes, los rebosan, derriban el horizonte encendido de sus líneas. Rompen olas sobre las playas de la lengua, se sumergen entre la sed y el océano profundo que las bebe.
Los labios encarnan, uno en el otro, prueban la mezcla de sal y de secretos, ríen, acarician la piel adormecida: se desprenden.
Lentamente vuelven a ser boca.
Los labios encarnan, uno en el otro, prueban la mezcla de sal y de secretos, ríen, acarician la piel adormecida: se desprenden.
Lentamente vuelven a ser boca.
lunes, 31 de agosto de 2009
Adiós, señor agosto
"Una vez en la vidadebo encontrar dentro de mí...una noche de agosto,mi alma perdidaque arrojé al mar"
Otra del País de las Maravillas
De pronto se encontró fuera del encanto, como si la hubieran despertado del sueño, echada del Paraíso, como si le hubieran quitado algo muy preciado.
Había sido expulsada, de nuevo, del País de las Maravillas; sin embargo sentía que su alma aún se encontraba dentro, cobijada entre esa calidez que le transmitía tanta paz.
¿Por qué?, se preguntaba constantemente mientras recorría un largo camino desierto. La mitad de su ser seguía allá y la otra mitad quería volver. Todas las respuestas, por más razonadas, le parecían estupideces. Cerraba los ojos y se sentía en un sueño en el que nunca había dejado aquel lugar.
Arrancada del suspiro aún ronroneaba cuando las imágenes de aquella noche se disparaban en su recuerdo. Llegó a su destino sólo para sentirse fuera de lugar, como si aquel espacio tan suyo supiera que no debía estar ahí.
La única solución era soñar hasta despertar ahí de nuevo...
Había sido expulsada, de nuevo, del País de las Maravillas; sin embargo sentía que su alma aún se encontraba dentro, cobijada entre esa calidez que le transmitía tanta paz.
¿Por qué?, se preguntaba constantemente mientras recorría un largo camino desierto. La mitad de su ser seguía allá y la otra mitad quería volver. Todas las respuestas, por más razonadas, le parecían estupideces. Cerraba los ojos y se sentía en un sueño en el que nunca había dejado aquel lugar.
Arrancada del suspiro aún ronroneaba cuando las imágenes de aquella noche se disparaban en su recuerdo. Llegó a su destino sólo para sentirse fuera de lugar, como si aquel espacio tan suyo supiera que no debía estar ahí.
La única solución era soñar hasta despertar ahí de nuevo...
miércoles, 26 de agosto de 2009
Lectora de café
Le gusta sentarse en ese café con terraza que da a Constitución a sentir el tiempo pasar acompañado por humo de cigarrillos, lectura y traguitos de café caliente.
Le gusta leer y reír o llorar o maldecir, dependiendo de lo que lea; y le divierten las miradas curiosas que lanzan los meseros o los otros comensales, como tratando de adivinar las palabras que desatan tales reacciones.
Disfruta mucho al pausar la lectura y, como si se trata de un ritual, encender un cigarro, quedarse viendo a la gente y los coches pasar, o las ramas de un árbol bailar y sostener la cálida taza de café entre sus manos frías.
Todo en esa experiencia le brinda un enorme placer, cosas tan sencillas como ésas la hacen sonreír.
A veces, mientras lee u observa, se le ocurren mil y un historias que quieren ser contadas.
Algunas las olvida y otras las escribe en la pequeña libreta que casi siempre la acompaña.
Le gusta esa tranquilidad de sentarse a leer y no esperar nada más...
Le gusta leer y reír o llorar o maldecir, dependiendo de lo que lea; y le divierten las miradas curiosas que lanzan los meseros o los otros comensales, como tratando de adivinar las palabras que desatan tales reacciones.
Disfruta mucho al pausar la lectura y, como si se trata de un ritual, encender un cigarro, quedarse viendo a la gente y los coches pasar, o las ramas de un árbol bailar y sostener la cálida taza de café entre sus manos frías.
Todo en esa experiencia le brinda un enorme placer, cosas tan sencillas como ésas la hacen sonreír.
A veces, mientras lee u observa, se le ocurren mil y un historias que quieren ser contadas.
Algunas las olvida y otras las escribe en la pequeña libreta que casi siempre la acompaña.
Le gusta esa tranquilidad de sentarse a leer y no esperar nada más...
martes, 25 de agosto de 2009
Hormonal
Hoy estoy hormonal… se supone que mis emociones están alteradas y por lo tanto mi visión de las cosas también.
Se supone que hoy no puedo ver muchas cosas dentro de sus verdaderas dimensiones; hoy todo parece cansadísimo, negrísimo, dolorosísimo, más allá de lo estúpido.
Hoy nada tiene sentido, hoy además de hormonal ando lunática, maniática más de lo normal. Me gusta mi puntualidad pero no me gusta ponerme como me pongo… para terminar de arruinar el momento, hace un calor extenuante que me hace sentir toda pegajosa.
No quiero nada, quiero llorar, como idiota, toda la noche, sin sentido, para nada, por nadie, por ella. Me siento triste.
Hoy todos me caen mal…
Hoy, cuando la luna está más linda que nunca siento que voy a explotar… será que la luz contenida tiene que salir… un ser de luz… sí…
Se supone que hoy no puedo ver muchas cosas dentro de sus verdaderas dimensiones; hoy todo parece cansadísimo, negrísimo, dolorosísimo, más allá de lo estúpido.
Hoy nada tiene sentido, hoy además de hormonal ando lunática, maniática más de lo normal. Me gusta mi puntualidad pero no me gusta ponerme como me pongo… para terminar de arruinar el momento, hace un calor extenuante que me hace sentir toda pegajosa.
No quiero nada, quiero llorar, como idiota, toda la noche, sin sentido, para nada, por nadie, por ella. Me siento triste.
Hoy todos me caen mal…
Hoy, cuando la luna está más linda que nunca siento que voy a explotar… será que la luz contenida tiene que salir… un ser de luz… sí…
lunes, 24 de agosto de 2009
Otro lunes
Hoy es lunes, con un clima masomenos húmedo, con llamadas, con entradas y salidas, con viaje a Linares. Lunes de pendientes, de anotaciones, de curso, de fotografías; lunes incongruente, de vestidas, de joterías, de coca cola con menta y duraznos en almíbar.
Hoy es lunes, pero no como cualquier lunes, es un día más desapercibido y percibido, de adioses y bienvenidas, de desapegos, de nostalgia podrida, de un papá que se fue y ya no está.
Un lunes, como el martes o miércoles que ya no viene.
Un lunes de casi otoño, un día de la semana no feriado, un lunes que esperaba desde el viernes, o desde dos años atrás, un lunes donde puedes leer esto, o donde puedes leer pasado mañana.
Un lunes donde no me extrañan porque es igual al resto de la semana, en donde saben que no estoy pero no saben lo que pasa; lunes invisible, de flores secas color violeta, de cenizas de reno en un frasco transparente, de ésas que no quedan nada.
Hoy es lunes, mi lunes, cabalístico día, a las cinco cero cinco, de una tarde, en donde observan 3 personas al aire, afuera, la tierra, que no se toca, pero que se queda.
Hoy es lunes, pero no como cualquier lunes, es un día más desapercibido y percibido, de adioses y bienvenidas, de desapegos, de nostalgia podrida, de un papá que se fue y ya no está.
Un lunes, como el martes o miércoles que ya no viene.
Un lunes de casi otoño, un día de la semana no feriado, un lunes que esperaba desde el viernes, o desde dos años atrás, un lunes donde puedes leer esto, o donde puedes leer pasado mañana.
Un lunes donde no me extrañan porque es igual al resto de la semana, en donde saben que no estoy pero no saben lo que pasa; lunes invisible, de flores secas color violeta, de cenizas de reno en un frasco transparente, de ésas que no quedan nada.
Hoy es lunes, mi lunes, cabalístico día, a las cinco cero cinco, de una tarde, en donde observan 3 personas al aire, afuera, la tierra, que no se toca, pero que se queda.
sábado, 22 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
Vivir despacio
A veces se me antoja el capricho de querer vivir despacio… de poder pasear creyendo estar en una estampa, en una de esas postales que venden para los turistas.
A veces se me antoja fantasear con la idea de que algún día podré comer fresas, y quitarme las sandalias para andar por la arena, sin que el mar me dé terror ni el sol me queme.
Se me antoja la idea de querer abandonar todo lo que tengo… y marcharme a un lugar remoto.
Y por eso es el paraíso, porque la gente no se dedica a trabajar, sino a vivir.
A veces se me antoja pensar en helados o en tardes de invierno frente a la leña… en caldos de pollo, en calcetas de lana… en la flor del almendro y en la almendra recién recogida del árbol.
A veces se me antoja pensar que algún día podré asomarme a la ventana de algún lugar remoto a oler jazmín, a leer un libro y a vivir despacio... pero contigo.
A veces se me antoja fantasear con la idea de que algún día podré comer fresas, y quitarme las sandalias para andar por la arena, sin que el mar me dé terror ni el sol me queme.
Se me antoja la idea de querer abandonar todo lo que tengo… y marcharme a un lugar remoto.
Y por eso es el paraíso, porque la gente no se dedica a trabajar, sino a vivir.
A veces se me antoja pensar en helados o en tardes de invierno frente a la leña… en caldos de pollo, en calcetas de lana… en la flor del almendro y en la almendra recién recogida del árbol.
A veces se me antoja pensar que algún día podré asomarme a la ventana de algún lugar remoto a oler jazmín, a leer un libro y a vivir despacio... pero contigo.
lunes, 10 de agosto de 2009
Papiroflexia
Cuando hagas tus maletas y mi cuerpo eche de menos sentirte cerca; cuando mis palabras vuelen en el tiempo sin saber en qué oídos se dejarán caer; que si no son los tuyos, ningunos me valen; cuando no estés tú para morder mis días grises y pintarme una sonrisa… tiemblo.
domingo, 9 de agosto de 2009
Enamorarte contra mi colchón
Hago intentos de tocarte y no te encuentro. Esta noche no estás aquí. Mi cuerpo. Mi sombra. Un colchón interminable; sólo quedan restos de humedad. La humedad que me dejaste entre las piernas.
jueves, 30 de julio de 2009
Entre azul y buenas noches
Le sacó la lengua a su reflejo y comprobó lo que temía: aquel órgano sensible y móvil se encontraba reposando tranquilamente dentro de la cavidad bucal y sobre el labio inferior, pero su color distaba mucho de ser normal.
Observó durante un minuto sus ojos -no más de un minuto, ya que es bien sabido que uno no debe mirarse a los ojos por mucho tiempo pues corre peligro de perderse para siempre en el reflejo-, cerró los párpados y emitió un sonoro suspiro. La cosa no iba bien, nada bien.
Se vistió con una sonrisa y la cabellera perfectamente desordenada y así, sin más, salió a la calle.
Caminaba como si diera tres pasos hacia adelante y uno hacia atrás, entre arrastrando los pies y flotando -entre azul y buenas noches, diría mi abuela-. El sol, reflejado en su pelo, parecía una llamarada que se evaporaba lentamente.
Mientras tanto, su sombra ya se había adelantado casi una cuadra, jugaba divertida a desaparecer en las sombras que proyectaban los árboles sobre la banqueta.
Dos cuadras atrás se encontraba su loca mente que volaba distraída creyendo que llevaba el ritmo de los pies y probablemente otra parte de ella todavía seguía acostada en cama.
Y pese a todo eso, sonreía y el brillo en sus ojos era capaz de reflejar todo lo que la rodeaba.
Llevaba a esa mujer atravesada en el corazón.
Observó durante un minuto sus ojos -no más de un minuto, ya que es bien sabido que uno no debe mirarse a los ojos por mucho tiempo pues corre peligro de perderse para siempre en el reflejo-, cerró los párpados y emitió un sonoro suspiro. La cosa no iba bien, nada bien.
Se vistió con una sonrisa y la cabellera perfectamente desordenada y así, sin más, salió a la calle.
Caminaba como si diera tres pasos hacia adelante y uno hacia atrás, entre arrastrando los pies y flotando -entre azul y buenas noches, diría mi abuela-. El sol, reflejado en su pelo, parecía una llamarada que se evaporaba lentamente.
Mientras tanto, su sombra ya se había adelantado casi una cuadra, jugaba divertida a desaparecer en las sombras que proyectaban los árboles sobre la banqueta.
Dos cuadras atrás se encontraba su loca mente que volaba distraída creyendo que llevaba el ritmo de los pies y probablemente otra parte de ella todavía seguía acostada en cama.
Y pese a todo eso, sonreía y el brillo en sus ojos era capaz de reflejar todo lo que la rodeaba.
Llevaba a esa mujer atravesada en el corazón.
miércoles, 29 de julio de 2009
Special needs
Vivir un principio, de nuevo; un primer beso; la primera mirada; una primera vez.
Apreciar el momento, el instante. No echar de menos lo vivido, recordarlo.
Sentirte como si fueses a desaparecer mañana. Desgastar nuestros sentidos con miradas infinitas; perdernos en cada uno de los pliegues de tus sábanas; reírnos infinitamente… sin engaños, sin malentendidos.
Apreciar el momento, el instante. No echar de menos lo vivido, recordarlo.
Sentirte como si fueses a desaparecer mañana. Desgastar nuestros sentidos con miradas infinitas; perdernos en cada uno de los pliegues de tus sábanas; reírnos infinitamente… sin engaños, sin malentendidos.
martes, 28 de julio de 2009
Wish you were here
De nuevo el largo pasillo. LaMar camina mirando las figuras desgastadas del centro de la alfombra. Sabe que no puede hacer otra cosa. No hay puertas. No hay salidas de emergencia. El corredor y ella se doblan a la izquierda.
Las pequeñas lámparas incrustadas en la pared, casi en el piso, le recuerdan las de un cine: sólo puede ver sus propios pies y las enredaderas y flores sucias que se repiten cada dos pasos en la alfombra. El pasillo la obliga a doblar nuevamente a la izquierda. Una vuelta más y hallará la única puerta que hay en esa oscura herradura.
Esta vez LaMar presiente que encontrará algo distinto, una luz, un espejo. Extiende los brazos y alcanza a rozar las paredes lisas con los dedos. En ellas no hay nada: cuadros, lámparas, bordes, ventanas. Como siempre. No sabe cómo ni porqué termina ahí dentro cada noche. Cuando abre los ojos, aparece en el maldito pasillo. ¿O es cuando los cierra? Lo extraño es que nunca recuerda haberse dormido ni despertado.
Sin el temor ni la angustia de los primeros días, sigue el último giro del corredor. Al fondo distingue la raya de luz debajo de la puerta y sonríe. Deja de mirar el suelo, de tocar las paredes.
Escucha un viejo radio, una guitarra: seguro es el despertador que está programado con su iPod. Sin darse cuenta, ya está silbando I wish you were here. Camina más deprisa, contenta: sabe que todo va a terminar pronto.
A unos pasos de la puerta, la voz de Gilmour se oye nítida: Do you think you can tell... LaMar se detiene, cuando gira la perilla lentamente, recuerda que no tiene grabado nada de Pink Floyd, que no sabe inglés y, sin embargo, entiende: cold comfort for change?
Abre la puerta con el corazón punzándole en los dedos: la luz la enceguece, a tientas da un paso, y otro, y otro: no despierta. La música sigue sonando en otra parte, detrás de los muros.
Reconoce su voz: How, how I wish you were here...
Las pequeñas lámparas incrustadas en la pared, casi en el piso, le recuerdan las de un cine: sólo puede ver sus propios pies y las enredaderas y flores sucias que se repiten cada dos pasos en la alfombra. El pasillo la obliga a doblar nuevamente a la izquierda. Una vuelta más y hallará la única puerta que hay en esa oscura herradura.
Esta vez LaMar presiente que encontrará algo distinto, una luz, un espejo. Extiende los brazos y alcanza a rozar las paredes lisas con los dedos. En ellas no hay nada: cuadros, lámparas, bordes, ventanas. Como siempre. No sabe cómo ni porqué termina ahí dentro cada noche. Cuando abre los ojos, aparece en el maldito pasillo. ¿O es cuando los cierra? Lo extraño es que nunca recuerda haberse dormido ni despertado.
Sin el temor ni la angustia de los primeros días, sigue el último giro del corredor. Al fondo distingue la raya de luz debajo de la puerta y sonríe. Deja de mirar el suelo, de tocar las paredes.
Escucha un viejo radio, una guitarra: seguro es el despertador que está programado con su iPod. Sin darse cuenta, ya está silbando I wish you were here. Camina más deprisa, contenta: sabe que todo va a terminar pronto.
A unos pasos de la puerta, la voz de Gilmour se oye nítida: Do you think you can tell... LaMar se detiene, cuando gira la perilla lentamente, recuerda que no tiene grabado nada de Pink Floyd, que no sabe inglés y, sin embargo, entiende: cold comfort for change?
Abre la puerta con el corazón punzándole en los dedos: la luz la enceguece, a tientas da un paso, y otro, y otro: no despierta. La música sigue sonando en otra parte, detrás de los muros.
Reconoce su voz: How, how I wish you were here...
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